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¿El liderazgo sigue siendo un privilegio de varones?

Actualizado: 4 de sep de 2019


Por: Esteban Tavera


Desde el día en que Gabriela Ramírez comenzó a jugar al fútbol tuvo muy claro que si quería ser una profesional, las cosas se le presentarían cuesta arriba. “Ser mujer dentro del fútbol, un deporte tan masculino, cuesta mucho”, dijo el pasado 30 de julio en el conversatorio “Mujeres Activando: La participación de las mujeres en el espacio público”.


Allí también contó que un día de 1997, cuando apenas comenzaba su actividad deprotiva en el club Estudiantes de La Plata, el mítico Miguel Ángel Russo, su primer entrenador, les pidió que no entrenaran con botines. “Pero, Russo –cuenta Gabriela que le respondió–, estamos jugando al fútbol y al fútbol se juega con botines, ¿cómo vamos a jugar con zapatillas? Y nos responde, ‘No, no… Jueguen en zapatillas porque si no, me rompen en césped y después los chicos no pueden jugar’”.


La alusión es más que una simple anécdota. Para Gabriela es también la síntesis de lo que tienen que sortear las mujeres para ganarse un lugar en ciertos espacios de poder. Y no es algo exclusivo de los deportes, pasa en el derecho, la música, la medicina, la literatura y hasta en los espacios de militancia política.


“Los espacios políticos son espacios de varones y los liderazgos todavía son construidos en su mayoría por ellos. Nosotras, en cambio, estamos formadas para colaborar, nosotras somos las grandes colaboradoras en cualquier espacio gremial. Si hay que llevar la bandera, se lleva; si hay que aplaudir, se aplaude, y si hay que sentarse por allá, vamos y nos sentamos”, dijo la abogada y docente Cecilia Abalos (a cargo de la Dirección de Políticas de Género de la Asociación de Docentes de la Universidad de La Plata). “En política, el 9% las intendencias de toda la Argentina lo ocupan mujeres. En la provincia de Buenos Aires, de 135 municipios, solo en cuatro hay intendentas”, agregó la entonces precandidata a intendenta de la ciudad de La Plata por el Frente Todos, Victoria Tolosa Paz.


Como ellas, otras cinco mujeres provenientes de distintos sectores aceptaron la invitación de Asuntos del Sur y el Instituto de Políticas Públicas Sociales para la Argentina (IPSOAR) para compartir sus reflexiones sobre la participación de las mujeres en el espacio público. Ellas son Carolina González, presidenta de IPSOAR, quien abrió el encuentro haciendo hincapié en la necesidad de dar estos espacios de debate y construcción en la ciudad de La Plata; Luciana Brividoro, encargada de la Comisión de Género de la Agremiación Médica Platense, que mostró los resultados de un trabajo de campo acerca de la violencia hacia las personas que trabajan en el ámbito de la salud y del sesgo de género; Ana Carriquiriborde, a cargo de la Secretaría de la Mujer del Sindicato Obras Sanitarias de la provincia de Buenos Aires, que puso de manifiesto los obstáculos y desafíos de las mujeres en la actividad gremial; y Paula Tomassoni, escritora y docente, quien también aportó su visión sobre estos temas y nos homenajeó compartiendo pasajes de su última producción literaria.


A esto, la Articulación Regional Feminista por los Derechos Humanos y la Justicia de Género en su informe de diciembre del año pasado sobre la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres agrega otro indicador preocupante. Señala el informe que: “la diferencia en horas destinadas al trabajo no remunerado entre hombres y mujeres sigue siendo muy amplia, y puede ser explicada por razones vinculadas con la organización social del cuidado definidas por el orden de género dominante. Por ejemplo, en Argentina, en 2013, el tiempo que dedicaron las mujeres de 20 a 59 años –sin ingresos propios– al trabajo no remunerado20 fue de 58.5 horas a la semana, mientras que los hombres dedicaron 28.6 horas”.


Pero también es cierto que ya las mujeres han construido diversos caminos en la búsqueda de alternativas que combatan esas realidades. Hacia allá apuntó Georgia Rothe, integrante del equipo del proyecto SISA-Mujeres Activando. “La paridad es necesaria pero no es suficiente –señaló Georgia–. No es suficiente que incluyamos mujeres en los espacios públicos, sino que estas mujeres no tengan sesgos de género y que trabajen por aquellas que han sido históricamente invisibilidades en América Latina. Por eso creamos el método SISA que es una herramienta que busca de manera sistematizada convertir las propuestas que tienen las organizaciones de mujeres en acciones concretas”.


Otra de las voces que se encarriló por ese camino fue la de la música María Mollon. “Yo soy consiente de que aún debo deconstruirme porque el machismo es algo que también a nosotras nos atraviesa. Sin embargo, hay cosas que hemos venido cambiando. En mi época, por ejemplo, una no se encontraba con la sororidad, todo era más difícil entre las mimas mujeres, ahora se siente el apoyo de las demás solo con intercambiar las miradas”.


En cuanto a los lugares protagónicos que se han ido ganando, es claro que tardaron años y costaron esfuerzos, pero significan grandes avances. En el caso de Gabriela Ramírez, por ejemplo, ya no solo dejó de entrenar en zapatillas, sino que, gracias a la lucha constante de ella y otras mujeres en el mundo del fútbol, han logrado un reconocimiento que cada día va en escalda. Es por eso que este tipo de encuentros de diálogo también son un paso más hacia nuevas transformaciones.



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